"EL MOSCARRON" Una batalla por capítulos. Jonás reunió a todas las fuerzas de Morazán, incluyendo a la Venceremos, en el...

"EL MOSCARRON" Una batalla por capítulos. Jonás reunió a todas las fuerzas de Morazán, incluyendo a la Venceremos, en el Mozote. Todavía olía a muerto en lo que fue el caserío. ¿Cuántos nos reunimos allí? Tal vez unos mil guerrilleros, la mayoría desmoralizados. Nos habían reventado en Gotera, en la Planta, el comandante Gonzalo había caído en Usulután, acabábamos de enterrar a Ventura, un jefe de pelotón muy querido… Yo miraba de lejos a nuestros mandos: María, Chico, Balta..., Luisa, Carmelo, Licho, Memo, Manolo… Todos bien jóvenes, no sé si alguno de ellos llegaría a los treinta años. También ellos andaban serios, emproblemados. Jonás se colocó en medio de todos nosotros.−Les quiero hacer una pregunta −comenzó diciendo− ¿Están desmoralizados? −No… −le respondimos todos. −¡Sí, claro que lo están! En las caras se les nota. Afligidos y aflojados, así están. Y no es para menos, porque nos han vergueado en estos meses. Bueno ¿y qué? Así es este volado. La guerra se aprende haciéndola, no hay de otra. Quién no monta a caballo, del caballo no se cae. Pero esto acaba aquí, no. ¿Ahora es cuando el enemigo va a saber quién es el FMLN?… ¿Desmoralizados? ¡Encachimbados deberían estar! ¡Y confiados en nuestra fuerza!… A ver, vos, decime, ¿cuántos fusiles crees vos que podemos recuperar en la próxima batalla? −Yo digo que unos quince, comandante. − ¡Quince son babosadas!… ¿Vos cuantos calculás? −Tal vez treinta, comandante. −¡Treinta!… ¿Qué son quince ni treinta para nosotros? Vamos a recuperar cien fusiles, ¿me están oyendo?… ¡Cien fusiles! −Jonás veía algunas caras escépticas− ¿Creen que no podemos?… ¡Claro que no, yo tampoco lo creo! ¡No vamos a conseguir fusiles, no! ¡Porqué cien, fijense, es esto −Y Jonás levantó un dedo con rabia− pero doscientos fusiles es lo que buscamos! −y levantó dos dedos, haciendo la “V” de la victoria−. Así que nos conformamos con cien fusilitos… ¡serán doscientos! Se levantó una bulla tremenda entre los combatientes. A Jonás le brillaban los ojos, echaba chispas. Y en los ojos de todos nosotros comenzó aquel mismo brillo de encachimbamiento y decisión de ganar. −¡Se avecinan grandes batallas! −Concluyó Jonás− ¡Y vamos a ir todos! ¡Aquí van a ir periodistas, radistas, cocineros, médicos, hasta los enfermos van a pelear! ¡Todos y a la victoria! Esto ocurrió a fines de mayo del 82. A la semana siguiente, dio inicio la campaña que se llamó Comandante Gonzalo . El primer plan era asediar Perquín para atraer refuerzos del ejército y emboscarlos. Pero la gente salió de aquella reunión en el Mozote con tal combatividad que se tomaron el pueblo de dos pijazos. Los cuilios corrieron aculerados y se refugiaron en San Fernando, que queda como a unos cinco kilómetros de allí. −¡A cercarlos y aniquilarlos! −ordeno Licho. En lo que nuestras fuerzas comenzaron la maniobra para envolver a los doscientos cincuenta efectivos acantonados en San Fernando, ya el ejército se había aligerado y enviado trescientos hombres para impedir el cerco. Estos refuerzos venían por la carretera de Torola y llegando al cerro Moscarrón chocaron con una escuadra nuestra. −¡Aguántenlos ahí que ya llegamos! −les ordeno Licho por radio a los de la escuadra nuestra. Y cuando llegaron, se armó la gran batalla. Nosotros, los de la Venceremos, estábamos en el campamento esperando instrucciones. −¡Alístese uno para reportear en directo! −nos avisan− ¡Los estamos haciendo moronga! Sin consultar a nadie, Santiago agarro su grabadora y se fue para el Moscarrón. Yo me quede locutando con Mariposa y con Rafi. Al poco rato comienzan a llegarnos, a través de correítos, los primeros cassetes desde las mismas líneas de fuego: En estos mismos momentos nuestras fuerzas guerrilleras avanzan sobre el enemigo por el flanco izquierdo… Vemos a algunos soldados que saltan desde sus trincheras… están disparando en ráfaga… y están siendo apoyados por ametralladoras y cañones 90… Los compañeros responden al fuego… Acaba de estallar una potente bomba de contacto… Cómo la batalla no termino ese primer día, que era 9 de junio, la trasmisión quedo en suspenso. ¿Quién iba a ganar? Los oyentes querían seguir oyendo, querían conocer que más estaba pasando. Pero nosotros, por razones técnicas, no podíamos alargar el programa. Entonces, anunciamos que estuvieran pendientes, de que mañana podrían enterarse de cómo se iban desarrollando los combates en el Moscarrón. ¡Imaginaté, como que fuera una novela! Al día siguiente, Santiago uso un radio militar para enlazar directamente con nosotros en la Guacamaya. Los helicópteros siguen volando bien bajo sobre las líneas de fuego… son tres helicópteros los que están ametrallando … tal vez ustedes escuchan el tableteo … Nuestras fuerzas responden con fuego de fusilería… No sabemos si habrán logrado impactar a uno de estos demonios que ahora están dando una vuelta, alejándose hacia el sur… Cómo el reportaje era en vivo, desde el mero frente de batalla, salía al aire todo el tiroteo, los helicópteros, el ruido de

"EL MOSCARRON" Una batalla por capítulos. Jonás reunió a todas las fuerzas de Morazán, incluyendo a la Venceremos, en el...
"EL MOSCARRON" Una batalla por capítulos. Jonás reunió a todas las fuerzas de Morazán, incluyendo a la Venceremos, en el Mozote. Todavía olía a muerto en lo que fue el caserío. ¿Cuántos nos reunimos allí? Tal vez unos mil guerrilleros, la mayoría desmoralizados. Nos habían reventado en Gotera, en la Planta, el comandante Gonzalo había caído en Usulután, acabábamos de enterrar a Ventura, un jefe de pelotón muy querido… Yo miraba de lejos a nuestros mandos: María, Chico, Balta..., Luisa, Carmelo, Licho, Memo, Manolo… Todos bien jóvenes, no sé si alguno de ellos llegaría a los treinta años. También ellos andaban serios, emproblemados. Jonás se colocó en medio de todos nosotros.−Les quiero hacer una pregunta −comenzó diciendo− ¿Están desmoralizados? −No… −le respondimos todos. −¡Sí, claro que lo están! En las caras se les nota. Afligidos y aflojados, así están. Y no es para menos, porque nos han vergueado en estos meses. Bueno ¿y qué? Así es este volado. La guerra se aprende haciéndola, no hay de otra. Quién no monta a caballo, del caballo no se cae. Pero esto acaba aquí, no. ¿Ahora es cuando el enemigo va a saber quién es el FMLN?… ¿Desmoralizados? ¡Encachimbados deberían estar! ¡Y confiados en nuestra fuerza!… A ver, vos, decime, ¿cuántos fusiles crees vos que podemos recuperar en la próxima batalla? −Yo digo que unos quince, comandante. − ¡Quince son babosadas!… ¿Vos cuantos calculás? −Tal vez treinta, comandante. −¡Treinta!… ¿Qué son quince ni treinta para nosotros? Vamos a recuperar cien fusiles, ¿me están oyendo?… ¡Cien fusiles! −Jonás veía algunas caras escépticas− ¿Creen que no podemos?… ¡Claro que no, yo tampoco lo creo! ¡No vamos a conseguir fusiles, no! ¡Porqué cien, fijense, es esto −Y Jonás levantó un dedo con rabia− pero doscientos fusiles es lo que buscamos! −y levantó dos dedos, haciendo la “V” de la victoria−. Así que nos conformamos con cien fusilitos… ¡serán doscientos! Se levantó una bulla tremenda entre los combatientes. A Jonás le brillaban los ojos, echaba chispas. Y en los ojos de todos nosotros comenzó aquel mismo brillo de encachimbamiento y decisión de ganar. −¡Se avecinan grandes batallas! −Concluyó Jonás− ¡Y vamos a ir todos! ¡Aquí van a ir periodistas, radistas, cocineros, médicos, hasta los enfermos van a pelear! ¡Todos y a la victoria! Esto ocurrió a fines de mayo del 82. A la semana siguiente, dio inicio la campaña que se llamó Comandante Gonzalo . El primer plan era asediar Perquín para atraer refuerzos del ejército y emboscarlos. Pero la gente salió de aquella reunión en el Mozote con tal combatividad que se tomaron el pueblo de dos pijazos. Los cuilios corrieron aculerados y se refugiaron en San Fernando, que queda como a unos cinco kilómetros de allí. −¡A cercarlos y aniquilarlos! −ordeno Licho. En lo que nuestras fuerzas comenzaron la maniobra para envolver a los doscientos cincuenta efectivos acantonados en San Fernando, ya el ejército se había aligerado y enviado trescientos hombres para impedir el cerco. Estos refuerzos venían por la carretera de Torola y llegando al cerro Moscarrón chocaron con una escuadra nuestra. −¡Aguántenlos ahí que ya llegamos! −les ordeno Licho por radio a los de la escuadra nuestra. Y cuando llegaron, se armó la gran batalla. Nosotros, los de la Venceremos, estábamos en el campamento esperando instrucciones. −¡Alístese uno para reportear en directo! −nos avisan− ¡Los estamos haciendo moronga! Sin consultar a nadie, Santiago agarro su grabadora y se fue para el Moscarrón. Yo me quede locutando con Mariposa y con Rafi. Al poco rato comienzan a llegarnos, a través de correítos, los primeros cassetes desde las mismas líneas de fuego: En estos mismos momentos nuestras fuerzas guerrilleras avanzan sobre el enemigo por el flanco izquierdo… Vemos a algunos soldados que saltan desde sus trincheras… están disparando en ráfaga… y están siendo apoyados por ametralladoras y cañones 90… Los compañeros responden al fuego… Acaba de estallar una potente bomba de contacto… Cómo la batalla no termino ese primer día, que era 9 de junio, la trasmisión quedo en suspenso. ¿Quién iba a ganar? Los oyentes querían seguir oyendo, querían conocer que más estaba pasando. Pero nosotros, por razones técnicas, no podíamos alargar el programa. Entonces, anunciamos que estuvieran pendientes, de que mañana podrían enterarse de cómo se iban desarrollando los combates en el Moscarrón. ¡Imaginaté, como que fuera una novela! Al día siguiente, Santiago uso un radio militar para enlazar directamente con nosotros en la Guacamaya. Los helicópteros siguen volando bien bajo sobre las líneas de fuego… son tres helicópteros los que están ametrallando … tal vez ustedes escuchan el tableteo … Nuestras fuerzas responden con fuego de fusilería… No sabemos si habrán logrado impactar a uno de estos demonios que ahora están dando una vuelta, alejándose hacia el sur… Cómo el reportaje era en vivo, desde el mero frente de batalla, salía al aire todo el tiroteo, los helicópteros, el ruido de los aviones A-37, el ruido de los bombazos, todos los ruidos que encontrás en los discos de efectos sonoros que suele haber en las emisoras. ¡Pero aquí eran reales! ¡La novela era real! Al segundo día, tampoco se definió la posición. Entonces los oyentes quedaron más ansiosos, comiéndose las uñas, con aquella impaciencia para escuchar cómo acababa la historia. ¡Era una batalla contada por capítulos! Por fin, al tercer día, nuestros compas se fueron al tope y aniquilaron a las compañías enemigas. El tercer capítulo de la novela del Moscarrón tuvo un desenlace feliz y en miles de hogares salvadoreños resonó la Venceremos informando la victoria: El Moscarrón ya está bajo control guerrillero… Perquín está tomada… San Fernando los estará muy pronto… ¡Comienza a formarse un arco de libertad en los cantones de Morazán! Fue una victoria estrepitosa. El enemigo tuvo más de doscientas bajas, un muerterio horrible. Eran soldaditos enviados por coroneles millonarios que hacían la guerra desde los escritorios. También capturamos como cuarenta prisioneros, entre ellos, un teniente del batallón Belloso, entrenado en Estados Unidos. −¿Su nombre? −William Reynaldo Sánchez Medina. −¿Dónde recibió entrenamiento? −En Fort Bragg. Virginia. −¿Quiénes eran los instructores? −Norteamericanos. −¿Sabe porque motivo a ese batallón lo llamaron Ramón Belloso? −No sé. −¿Sabe que Ramón Belloso fue el general salvadoreño que dirigió los ejércitos de Centroamérica contra William Walker el siglo pasado? −No, nos dijeron eso. Con la batalla del Moscarrón la guerra dio un giro, un salto tremendo. Por de pronto se acabó la desmoralización. ¿Cien fusiles, doscientos fusiles? ¡Toda la batería de artillería! ¡Tres cañones de 90 milímetros! ¡Ametralladoras pesadas, radios militares, tercios de fusiles, lanzagranadas, arneses, miles de cartuchos! Los compas salieron de allí bolos de tanta alegría. No se me olvida una frase que le escuche decir a uno de los campesinos combatientes al regresar a la Guacamaya. −¡Cuando yo vide aquel volcán de fusiles, ¡a mí se me lleno la cabeza de felicidad! A pesar de las emociones, la victoria no fue una llamarada de tusa ni se consiguió por temeridad. Nada de eso, Fue una batalla en toda regla donde ganaba quien hacia la mejor manobra militar. Ya en ese tiempo Jonás se había conseguido el libron negro de Klausewitz, De la guerra, y se la pasaba leyendo en el campamento: que si la cuña invertida, que si la pinza, que si atacas por este flanco y no por el otro… toda una estrategia militar. Pero claro, una estrategia estudiada ahí, en el escenario real de la novela, en el cachimbeo real, no en West Point ni en las mesas de caoba del Estado Mayor Conjunto. Porque Jonás es el tipo que, en medio de la batalla baja a la línea de fuego, “así no es la cosa hijos de puta”. Y echa sus tiros, y agarra por la nuca a un pipían que se quiere correr y lo vuelve a poner en la trinchera. Un jefe militar enérgico que trasmite confianza y que ha formado a generaciones de combatientes, los que hoy son mandos. A partir del Moscarrón comenzó una nueva etapa en la guerra, la de las grandes batallas. El ejército guerrillero había alcanzado su mayoría de edad. Del libro: Las mil y una historias de Radio Venceremos de José I. Vigil (narración hecha por Hernán Vera “Maravillas”) En las fotos,compañeros del ERP en concentraciones,previas a la épica batalla del Moscarron y de la exitosa campaña militar comandante Gonzalo. Fuente y y fotos: perfil de Will Negro.